domingo, 17 de octubre de 2010

Cuba, la Etiopía del Caribe.



Esta foto tomada del blog de mi amiga Claudia Codelo y de la autoría de Leandro Leal, me han remontado inconscientemente a Etiopía.
Hoy escribo inspirado en el presente de  los niños cubanos. Es imposible contabilizar el deterioro de la vida en Cuba y la afectación que esto trae consigo para los niños. El Gobierno no aporta estadísticas creíbles y por ello cualquier situación de seguimiento se vuelve un buscar entre datos que aportan diversos medios y la visión inequívoca de la realidad cotidiana.
Esta imagen de referencia expresa más de lo que yo pudiera decir. La cara triste y pensativa de un niño mirando hacia el agua en un malecón gris que crea una atmósfera de pobreza y miseria incuestionable.
La vida diaria es mucho más cruel. La desnutrición nacional afecta en forma directa a los niños. Muchos padres hacen cualquier intento por  llevar a la casa los pocos víveres que logran conseguir y nutrir a su familia de la manera más digna posible, pero estamos ante la frontera de la hambruna popular.
Basta ver la piel y las cuencas de los ojos de muchos habitantes para percibir los signos característicos de tal efecto. Ahora que se expulsan a miles de trabajadores a sus hogares y se les motiva de forma contradictoria a convertirse en pequeños capitalistas, no encuentro modo de etiquetar esta labor de arréglatelas como puedas, se tropiezan con la infinidad de contrariedades procreadas por el Estado, entre las que resaltan el no encontrar mayoristas que puedan surtir los insumos que se necesitan para iniciar un negocio propio.
Todo este descalabro  provoca que falte a la mesa del pobre un plato de comida que provea de proteínas a la familia y por supuesto a los niños y jóvenes que las demandan en grado superlativo.
Sin embargo un grupo de personajes engendrados y cobijados por un sistema distrófico, valga la comparación, se alimentan como nuevos ricos a expensas de todo lo que puede ser conseguido por los canales del mercado negro, el robo y desvergüenza y el injusto cambio monetario, que agudiza las diferencias de clases en la isla que presume de un sistema socialista.
Este tipo de engendro, distorsión y sistema de mercado que genera el descontrol, inciden de primera mano en la repartición justa de los recursos, obvio tema en que la nomenclatura evade  pronunciarse y que viene a sumarse de primera mano a la crisis generalizada que se está viviendo en Cuba.
Este pequeño de la foto, es una muestra de la depauperación anímica de los niños y los graves índices de enfermedades que se avecinan en la patria solitaria de la estrella. 

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